Las semillas de la adopción

     Vivimos en un mundo plural en el que la diferencia es más la regla que la excepción. Es por ello que en la educación de hoy se tiene en cuentan los extremos, dedicando recursos a su atención de cara a una buena integración en todas las áreas de la vida de los menores. Contamos con profesionales especializados en la detección de las necesidades especiales que pueden tener los infantes, que nos enseñan lo habituales que son las diferencias en el aula y que nos transmiten la importancia de abordarlas adecuadamente para que todos los niños y niñas puedan acceder a una educación de calidad.

En algunos campos como en la discapacidad intelectual, trastornos del espectro autista, TDAH, trastornos del aprendizaje, existe bastante consenso respecto a la conveniencia de identificar las necesidades que pueden presentar estos colectivos para poder adaptar las intervenciones en el aula y también fuera del contexto escolar. Un trabajo específico orientado a resolver o compensar los déficits que muestran estos menores, permite que tengan un desarrollo normalizado en todos los ámbitos de su vida.

    Cuando hablamos de la adopción nos referimos a una forma particular de constituir una familia. Se trata de un camino que recorren varios personajes. Por un lado está un padre y/o una madre movidos por un intenso deseo de formar una familia y por otro tenemos a un niño o niña que pasa a convertirse en hijo/ adoptivo/a. Existen muchos relatos sobre la adopción desde el punto de vista de los padres y madres. En adopción internacional las familias atraviesan por varias etapas a lo largo del proceso, en las que viven todo un universo de emociones. De sus relatos se desprende la impaciencia cuando se encontraban a la espera de la asignación, la ilusión embriagadora que experimentaron cuando vieron la primera foto de su hijo/a, el nerviosismo antes de viajar al país, la mezcla de emociones intensas en el encuentro y la inmensa felicidad una vez que lo/a tuvieron con él/ella.  Cuando llegan con el niño/a a casa comienza la verdadera adaptación, su hijo/a tendrá que realizar varios aprendizajes de golpe, muchas veces eso incluye el significado de tener una casa, su propia habitación, juguetes para uno solo, en definitiva, un hogar. Es un hecho que la vida de estos niños y niñas da un giro de 360º en cuestión de días, tal y como lo expresan los padres y madres que dicen notar un cambio en la expresión facial de sus hijos/as desde el semblante serio de la foto de la asignación a la pura alegría de las fotos del viaje y la felicidad absoluta que muestran las miles de fotos que sacan ya en casa con todos los cambios positivos que les trae su nueva vida.  Éste es el motivo principal por el que muchos padres y madres adoptivos conciben la llegada a casa como un punto cero en el que su hijo/a comienza una nueva etapa en su vida y que desean que transcurra de manera normal como la de cualquier otro niño o niña, sin diferencias.

Los padres y madres adoptivos son conscientes de que algún día cuando su hijo/a tenga el entendimiento suficiente tendrán que comunicarles su condición de adoptado o adoptada y también saben que en cualquier momento puede presentar inquietudes acerca de su historia. Algunas familias comprenden la importancia de que el menor integre su pasado para poder elaborar de manera saludable el sentido de quién es, su identidad. Sin embargo, en otras familias la pena por el hecho del abandono y la dureza de las vivencias que pudo haber experimentado su hijo/a, hacen que su pasado sea un tema tabú, dejando su abordaje a la aparición de problemas, si los hubiera. Son familias que no aceptan que su hijo/a sea tratado de manera diferente, evitando que su condición de adoptado o adoptada determine su presente y su futuro. Entonces surge el dilema: ¿los niños y niñas adoptados presentan necesidades especiales?. Para responder a esta pregunta debemos ponernos en el lugar del niño o de la niña y comprender su punto de vista ante todos los acontecimientos que tiene lugar en su corta vida. Partimos de sus primeros años de vida que normalmente transcurren en un orfanato en el que convive con otros niños y niñas de diferentes edades con los que tiene que compartir todo lo que hay a su alcance. Las únicas relaciones estrechas que mantiene con adultos son las que establece con las cuidadoras, que deben repartir su atención entre todos los menores a su cargo, y cuyo trato hacia ellos estará condicionado por la cultura del país en donde se ubique el centro. Algunos/as niños/as tienen la “oportunidad” de ir provisionalmente a una casa de acogida. En estos casos el niño o niña tendrá que adaptarse al funcionamiento de una familia con la inseguridad de no saber cuánto tiempo estará con ellos/as. Por primera vez verá y aprenderá lo qué es una familia y participará de sus dinámicas. Del tiempo que pase en la casa de acogida y los momentos que comparta con esa familia va a depender que cree un vínculo con estas personas, depositando su confianza en ellas. Entonces llega el día en que aparecen unos padres y madres adoptivos y tiene que dejar su casa de acogida. En ese momento se espera que el niño o niña adoptado responda con alegría, “tienes que estar contento, te ha adoptado una familia”, le dicen, cuando probablemente esté sintiendo emociones confusas al tener que decir adiós a una familia a la que ya se ha adaptado y de la que se lleva aprendizajes y algunos recuerdos. Una vez más el futuro de estos niños y niñas está en manos de adultos que guían el rumbo de sus vidas.

     Tanto los niños y niñas que solo conocieron la vida en el orfanato como los que pasaron una parte de ella en una casa de acogida, todos ellos viven el primer encuentro con su familia adoptivas. Un/a niño/a que está a la espera de conocer a sus padres y madres adoptivos, ante la incertidumbre de lo que le depara el futuro esta vez, procura estar cerca de la única persona que reconoce, la cuidadora, que le prepara para recibir correctamente a su familia. Cuando llega el momento de la presentación lo que percibe él/ella son unos desconocidos que están muy emocionados, hablan en otro idioma, le ofrecen juguetes y quieren acercarse. El niño o la niña ante esa situación incómoda busca la mirada de su cuidadora que le dice que se porte bien,hace caso y se va con esa gente que le resulta extraña. Desde ese instante el niño o la niña tendrá que acostumbrarse a esas personas que le dicen que son sus padres y madres y empieza la andadura como familia. Ellos/as se convertirán en sus nuevas referencias, le enseñarán que estarán ahí siempre para él/ella, mostrándole un amor incondicional. Serán también las personas a las que acudirá para elaborar su identidad, momento en el que cobran importancia sus conocimientos sobre quién es y cuál es su historia. Entonces surgen aquellos temores que estuvieron enmascarados durante los años posteriores a la adopción: ¿tendrá recuerdos de su pasado? ¿cómo reaccionará ante el hecho del abandono? ¿querrá conocer a su familia biológica? ¿nos pedirá volver a su país de origen? ¿echará de menos algo de su pasado?, y la pregunta clave ¿querrá hablar sobre su historia anterior a la adopción?.

     Teniendo presente el deseo de muchos padres y madres de darles a sus hijos/as adoptivos/as un crecimiento normalizado, veamos cuáles son las necesidades  de cualquier niño o niña respecto a su identidad ¿cómo fue mi nacimiento? ¿cuál fue mi primera palabra? ¿a qué años empecé a andar? ¿estuve en la barriga de alguien? ¿tengo hermanos o hermanas? ¿cuáles eran mis juguetes favoritos? ¿hasta qué edad llevé chupete? ¿cómo era de bebé? ¿y de pequeño/a?  ¿hay fotos de mis cumpleaños?. En el caso de las adopciones internacionales la escasa información que se dispone no ayuda a responder a estas preguntas, por lo que no es tarea fácil contestar a estas cuestiones que forman parte del pasado de todo niño y niña. Solo hay que mirar nuestra propia vida y preguntarnos qué cosas de nuestro pasado quisimos saber en su día, las preguntas que les hicimos a nuestros familiares acerca de nuestra infancia, lo que nuestras madres, padres, hermanos, hermanas, abuelos, abuelas, tíos, tías, nos cuentan sobre cómo transcurrieron los primeros años de nuestra vida y que tanto nos ha ayudado a formarnos una idea de quiénes somos. Hay que considerar también las circunstancias especiales por las que pasan los niños y niñas adoptados, el hecho del abandono, el paso por el orfanato, vivir con una familia de acogida, y que como vimos no son experiencias fáciles de asimilar, con emociones muy contradictorias que sin duda van a marcar al niño o niña que guarda recuerdos confusos, interpretaciones poco claras que conviene que sus padres y madres adoptivos clarifiquen con él/ella cuando tenga la comprensión suficiente. El menor adoptado necesita darle un orden a su pasado, situar su presente en la línea de su vida, configurar su personalidad en base a lo que conoce sobre él/ella mismo/a, darle significado a lo que le ha ocurrido, para poder avanzar hacia su futuro. En este proceso es importante mantener una continuidad con su presente, ayudándole a comprender sus experiencias anteriores y su situación actual, haciendo un recorrido por su vida, para que pueda tener una visión global de donde se encuentra ahora. Se trata de proporcionarle una identidad, saber quién es y de dónde viene, y dónde situar a sus nuevos padres y madres en su historia. Es el primer paso para elaborar sus orígenes que estarán presentes durante toda su vida.

    Aceptando las diferencias que entraña la condición de adoptado o adoptada lograremos proporcionarle un desarrollo normalizado en el que se sienta igual a sus compañeros/as y amigos/as, con el mismo derecho a saber sobre todo lo que le concierne. Para ello resulta esencial que los padres y madres adoptivos trabajen sus propias emociones respecto al pasado de sus hijos e hijas para que puedan reconocer que tienen una historia previa a la adopción y que su correcta elaboración les permitirá desarrollar de manera saludable su personalidad. Es necesario pararse a pensar y reflexionar acerca de la influencia que los padres y madres adoptivos tienen en la reconstrucción de la historia de sus hijos/as y cómo el respeto hacia sus orígenes es una lección para el niño o niña de confianza plena, convirtiéndose para él/ella en los auténticos referentes en su vida. Los padres y madres deben entender que aunque no es posible eliminar los hechos dolorosos del pasado de su hijo/a, sí que tienen el poder de reescribir su pasado y construir una narrativa robusta desde la que enraizar su presente y de la que seguirá creciendo ramas como parte de su camino, aportando la familia adoptiva las semillas de estabilidad emocional que brotarán en el futuro de los niños y niñas adoptados como los frutos de una vida plena.

Paula Fernández Rivas

Paula Fernández Rivas

“La felicidad es como una mariposa. Cuanto más la persigues, más huye. Pero si vuelves la atención hacia otras cosas, ella viene y suavemente se posa en tu hombro. La felicidad no es una posada en el camino, sino una forma de caminar por la vida” Viktor Frankl
Paula Fernández Rivas

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